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Recorriendo Ourense II: El Valle de Monterrey

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Ubicado en el municipio del mismo nombre, a cuatro kilómetros de la frontera con Portugal, esta hondonada custodiada por montañas garantiza buen clima y bellos paisajes todo el año.

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Cantado y contado por escritores como Otero Pedrayo y Álvaro Cunqueiro que le dieron el bello nombre de “taza de plata”, Monterrey es uno de los valles más bellos y fértiles de la región, donde la uva es uno de sus cultivos privilegiados. Está protegido por montes como el Meda al norte, su pico más alto; los Castelo, Portela y Ladairo al sur, Roda y Agrelo por el este y otros como Duvido o Penedo de Corvo por el oeste. Los valles creados por estas alturas y macizos montañosos son recorridos por varios ríos y arroyos de caudal permanente o como resultado de los deshielos, como Rubín, Búbal y el río Azureira.

Esta ubicación se otorga un clima moderado y apto para distintos cultivos como cereales, patatas, hortalizas y frutales. Estos cultivos se desarrollan en praderías y huertas regadas naturalmente por manantiales y fuentes de agua que junto con los bosques autóctonos forman un conjunto paisajístico de indudable belleza y pintoresquismo.

Uno de sus principales atractivos es el Castillo, el más grande de Galicia, monumental fortaleza que fue clave por su ubicación estratégica, durante la Edad Media. Está formado por tres recintos amurallados construidos a lo alto de una loma, cerca de Verín.

Actualmente se conserva la parte superior, donde se alojaba la población, el palacio renacentista, la torre del Homenaje, la Torre de las Damas, restos del Hospital de Peregrinos y la iglesia gótica de Santa María.

El castillo sufrió diversas reformas y anexiones como dos recintos con baluartes que alojaban a monjes jesuitas y franciscanos que se construyeron en la Edad Moderna y donde se verificó un notable desarrollo cultural pues allí se imprimió lo que sería el primer incunable gallego.

Foto: vía Flickr

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